viernes, 12 de junio de 2009

De lo que debería ser ya asumido por todo el mundo

Descorazonador es que a estas alturas nos veamos obligados a andar explicando ciertas cosas que hace décadas deberian haber quedado definitivamente claras para todo el mundo. Por ejemplo, da calor ya estar aún gastando saliva (y tinta, y arboles!) en distinguir la recuperación de la memoria historica y el derecho de reparación del a estas alturas tan fantasmagórico como inexistente deseo de revancha de los descendientes de las víctimas. La verdad no se absorbe ni se diluye. Para los humanos es una especie de película que cubre todas las realidades. Inútil es tratar de enquistarla y su aflorar, doloroso.

El mundo a través de los medios de comunicación

Parecería que el mundo en que vivimos es plural y que una cantidad ingente de eventos de interés general habría de ser generada en su seno. Es curioso que la coincidencia en los contenidos de los medios de comunicacion no de cuenta de esa supuesta diversidad. Si el conjunto de los acontecimientos relevantes del mundo fuera tan restringido, sería mucho más fácil de simular computacionalmente de lo que a casi todo el mundo nos parece.

Serán verdaeramente tan ingenuos?

Y no se les ocurre a los del PSOE que los del PP podrían terminar ilegalizandolos a ellos también? Al PNV ya le acontenció hace unos años que sus quasicoreligionarios derechistas lo expulsaron de la hermandad de la democracia cristiana europea.

domingo, 3 de mayo de 2009

Perplejidad y contenidos en los medios de comunicación

Los artículos de los periódicos me ponen medio perplejo. Hoy había uno en el País de un señor, Agustín Fernández Mallo, que, en pleno debate sobre la reducción de la publicidad en televisión, defendía la clásica argumentación de que la publicidad es fantástica, que recoge lo mejor de la creación contemporánea. Daba cantidad de referencias para justificarse. Pero el problema no está en lo buena o lo mala que sea formalmente la publicidad. La cuestión está en que por muy buena que sea, te la hacen tragar a mitad de un programa que alguien corta sin mirar dónde y en que, quizá peor, te la repiten hasta la saciedad. Una cosa buena repetida varias veces deja de ser buena porque harta. Lo grave de la publicidad es que es un hartazgo. Lo peor, que supone un ataque a la libertad. Más allá de la excelencia del arte de expresar una idea en 20 segundos, conviene poner de manifiesto el hecho de que la probabilidad de que abras la tele y te encuentres un anuncio raya en lo vergonzoso. Si tan buena es, que la incluyan en la programación, sin cortar programas y que se haga público cuándo vaya a salir. A ver a qué niveles llega la audiencia en esos espacios de programación. Y al hilo de la argumentación de las consideraciones acerca de los mejores cocineros del mundo, ¿cómo no va a estar lo mejorcito de la creación en la publicidad si es un terreno donde se invierte lo que se invierte? Si se invirtiera más en otros productos menos interesados, quizá también fueran mejores, ¿no? El problema general no es la calidad de los productos sino qué productos son los que merecen inversión de energía y cuáles no.

martes, 21 de abril de 2009

4 cocineros españoles entre los 10 mejores del mundo

La vanguardia publica en su primera página la noticia. Muy bien. Si así lo hacen, será porque se sienten ufanos de ello ; seguramente, coinciden con gran parte del país. ¿Y cómo es que tenemos cuatro cocineros entre los diez más apreciados? Pues porque hemos invertido en cocina. ¿Será que las ayudas de la comunidad europea se invirtieron en comidas de alto copete?

No puedo asegurarlo. No hay pruebas, pero lo que sí está claro es que si se hubieran invertido en ciencia, arte y humanidades, ahora podríamos publicar en todos los media del mundo entero que estamos entre los primeros de todo eso.

¿Será que muy pocos nos sentiríamos orgullosos de ello?

viernes, 3 de abril de 2009

Ciencia y cultura en el VI Campus Euroamericano. Buenos Aires. Marzo 2009

El Dr. Eudald Carbonell, que en su disertación insistió en la exponencialidad convergente del crecimiento de la población y del poder intelectual de la especie humana, así como en la fiabilidad de los logaritmos aplicados a los datos obtenidos por los científicos, concluyó defendiendo que el principio de autoridad y la jerarquía habían cumplido ya su función evolutiva y que ya no eran necesarias. Abundó en ello al afirmar que la falta de líderes carismáticos como los de antes era un signo que debía ser interpretado positivamente.

Ante estas consideraciones no tendría yo nada que objetar, si no fuera que, a pesar de su incontestable sensatez, la participación en el VI Campus Euroamericano de los profesores Cereijido, Wagensberg, Carbonell y otros invitados estuvo teñida de matices jerárquicos.

Por otra parte, qué pensar, si a pesar de coincidir con el Dr. Wagensberg en algo tan cargado de sentido común como que la pretensión de autorregulabilidad del mercado no puede ser más que, en el mejor de los casos, una muestra de inmadurez, Carbonell terminó abogando por un paradigma cultural donde la racionalidad que caracteriza el pensamiento científico debe ser el factor mutante que ha caracterizar la evolución ulterior de la cultura y con ella, de la especie. Según esa línea de pensamiento, la cultura humana debería asumir la idea de que la responsabilidad de la toma de decisiones es materia científica, ya que, según apostilló Wagensberg en el coloquio, la ciencia es la parte del conocimiento humano menos sometida a los avatares de la ideología. Qué pensar de todo ello, si la convergencia de las funciones exponenciales sólo se da cuando la variable decrece, al contrario del caso considerado por Carbonell y los logaritmos a los que se refería, creo yo, eran, más bien, por el contexto, en sentido laxo, algoritmos, procedimientos de tratamiento de datos.

Con el anumerismo manifiesto en el interior del propio discurso como contexto, aunque sin pretender menoscabar el valor del trabajo incontestable del gran personaje científico que es Carbonell, me cuestiono profundamente acerca de la validez de cualesquiera argumentaciones marcadas por la fascinación casi mágica por el arcano poder de los números. Los números sin pasión tienen el mismo valor que la pasión sin números.

lunes, 16 de marzo de 2009

Fumar o no fumar


Me siento en la terraza de un bar no sólo porque hace buen tiempo. En el interior se permite fumar. Pero, claro, afuera, también. Por eso no me extraña sentir el aroma del tabaco quemado por la señora de la mesa de al lado, que enciende un cigarrillo tras otro, en esta hora de mañana de domingo que he escogido para mi contacto semanal con la prensa medioambientalmente irrespetuosa. No me extraña, pero me molesta, porque la brisa lo introduce directamente en mi nariz, por más que yo no quiera aspirarlo. Estoy obligado a respirar todos los compuestos, aromáticos y cancerígenos, unos, inodoros y peligrosamente adictivos, otros, que la señora en cuestión introduce voluntariamente -y, presumo, por probabilidad, con profundo desconocimiento- en sus pulmones, para tapizar con alquitranes bien adherentes su tejido alveolar, aquel lugar hipervascularizado donde la sangre toma del aire entrante el oxígeno para llevarlo a las células de todo el cuerpo. Más tarde, mejor, casi inmediatamente, lo utilizarán para almacenar la energía que necesita cualquier cosa que se pueda pensar que nuestros cuerpos hacen. Eso es respirar. El caso es que yo, exfumador, toxicómano, como todos aquéllos -muchos, somos- con dependencia al tabaco, me veo obligado a dejar mi soleada mesa si no quiero aspirar la mezcla, entre otras cosas peores, resucitadora de dependencia. Si los alcohólicos que deciden dejar de beber no pueden tomar cerveza sin alcohol, bajo riesgo de caer nuevamente en las garras de su dependencia, los exfumadores también corremos riesgo de caer en las de la nuestra si inhalamos humo de la combustión de tabaco. Pero, ¿qué mal puede haber en ello, si la preocupación de las autoridades por la salud de los pulmones -y de paso, del corazón y de todo el resto del cuerpo- de quienes no fumamos, dependientes o no, parece nula? Diríase que a ellas los riesgos de nuestra salud ni les molestan ni les extrañan. Desengañémonos : sólo están interesados en suscribir la extrema permisividad al tabaco de nuestras autoridades hispanas quienes sufren dependencia y no la combaten. Son los aliados incondicionales de las empresas tabacaleras. Los demás, tanto quienes lo hemos dejado tras arduas luchas con nosotros mismos, como quienes tienen la grandísima suerte de no haber necesitado nunca el tránsito mortal de ese gas por sus pulmones, somos invlunerables a la prohibición de fumar. No nos afecta. Así es como, en virtud de la salvaguardia de la libertad de quienes sienten esa tan irracional y tan humana necesidad destructora, para con ellos mismos y para con todo su entorno, nos convertimos en objeto de su dictadura.