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martes, 27 de agosto de 2013
Cultura, poder político y poder económico
La volatilización del apoyo del poder político a la cultura en beneficio de la influencia del poder económico es síntoma al tiempo que metáfora de la evolución del equilibrio que entre esas fuerzas viene dándose desde el cambio de milenio y antes en todas las áreas de la realidad humana. Se desvanece así el sueño de una creación concebida como ejercicio y pedagogía de la libertad para dar paso a la imagen asfixiante de una creatividad eternamente dependiente y a la merced de los caprichos de quienes antepusieron el sacrificio de su propia libertad a un dudoso imaginario de dominio.
Etiquetas:
cultura,
Nuevo milenio,
Poder económico,
Poder político
viernes, 26 de julio de 2013
Consuel Ciscar : abuso de poder
2013-06-11
La cultura es un bien común y por tanto sus recursos deben destinarse a la promoción de toda la cultura y no de una parte de ella, por lo demás, especialmente sectaria
Mª José Català Verdet Consellera d'Educació, Cultura i Esport : La destitución de Consuelo Ciscar por abuso de poder - ¡Firma la petición!
http://www.change.org/es/peticiones/ma-josé-català-verdet-consellera-d-educació-cultura-i-esport-la-destitución-de-consuelo-ciscar-por-abuso-de-poder?share_id=PgtWOFKVxg&utm_campaign=autopublish&utm_medium=facebook&utm_source=share_petition
Etiquetas:
Consuelo Ciscar,
cultura,
educación
El Ministro Wert
2012-10-13
Hay que ver lo mamonazo que llega a parecer el Ministro de Educación, Cultura y Deportes. Bobaliconería totalmente acorde con la insolvencia del gobierno. Debería dimitir por bocazas, porque es incapaz de controlar los verdaderos pensamientos que surcan la exigüidad de la simpleza de su mente.
viernes, 3 de abril de 2009
Ciencia y cultura en el VI Campus Euroamericano. Buenos Aires. Marzo 2009
El Dr. Eudald Carbonell, que en su disertación insistió en la exponencialidad convergente del crecimiento de la población y del poder intelectual de la especie humana, así como en la fiabilidad de los logaritmos aplicados a los datos obtenidos por los científicos, concluyó defendiendo que el principio de autoridad y la jerarquía habían cumplido ya su función evolutiva y que ya no eran necesarias. Abundó en ello al afirmar que la falta de líderes carismáticos como los de antes era un signo que debía ser interpretado positivamente.
Ante estas consideraciones no tendría yo nada que objetar, si no fuera que, a pesar de su incontestable sensatez, la participación en el VI Campus Euroamericano de los profesores Cereijido, Wagensberg, Carbonell y otros invitados estuvo teñida de matices jerárquicos.
Por otra parte, qué pensar, si a pesar de coincidir con el Dr. Wagensberg en algo tan cargado de sentido común como que la pretensión de autorregulabilidad del mercado no puede ser más que, en el mejor de los casos, una muestra de inmadurez, Carbonell terminó abogando por un paradigma cultural donde la racionalidad que caracteriza el pensamiento científico debe ser el factor mutante que ha caracterizar la evolución ulterior de la cultura y con ella, de la especie. Según esa línea de pensamiento, la cultura humana debería asumir la idea de que la responsabilidad de la toma de decisiones es materia científica, ya que, según apostilló Wagensberg en el coloquio, la ciencia es la parte del conocimiento humano menos sometida a los avatares de la ideología. Qué pensar de todo ello, si la convergencia de las funciones exponenciales sólo se da cuando la variable decrece, al contrario del caso considerado por Carbonell y los logaritmos a los que se refería, creo yo, eran, más bien, por el contexto, en sentido laxo, algoritmos, procedimientos de tratamiento de datos.
Con el anumerismo manifiesto en el interior del propio discurso como contexto, aunque sin pretender menoscabar el valor del trabajo incontestable del gran personaje científico que es Carbonell, me cuestiono profundamente acerca de la validez de cualesquiera argumentaciones marcadas por la fascinación casi mágica por el arcano poder de los números. Los números sin pasión tienen el mismo valor que la pasión sin números.
Ante estas consideraciones no tendría yo nada que objetar, si no fuera que, a pesar de su incontestable sensatez, la participación en el VI Campus Euroamericano de los profesores Cereijido, Wagensberg, Carbonell y otros invitados estuvo teñida de matices jerárquicos.
Por otra parte, qué pensar, si a pesar de coincidir con el Dr. Wagensberg en algo tan cargado de sentido común como que la pretensión de autorregulabilidad del mercado no puede ser más que, en el mejor de los casos, una muestra de inmadurez, Carbonell terminó abogando por un paradigma cultural donde la racionalidad que caracteriza el pensamiento científico debe ser el factor mutante que ha caracterizar la evolución ulterior de la cultura y con ella, de la especie. Según esa línea de pensamiento, la cultura humana debería asumir la idea de que la responsabilidad de la toma de decisiones es materia científica, ya que, según apostilló Wagensberg en el coloquio, la ciencia es la parte del conocimiento humano menos sometida a los avatares de la ideología. Qué pensar de todo ello, si la convergencia de las funciones exponenciales sólo se da cuando la variable decrece, al contrario del caso considerado por Carbonell y los logaritmos a los que se refería, creo yo, eran, más bien, por el contexto, en sentido laxo, algoritmos, procedimientos de tratamiento de datos.
Con el anumerismo manifiesto en el interior del propio discurso como contexto, aunque sin pretender menoscabar el valor del trabajo incontestable del gran personaje científico que es Carbonell, me cuestiono profundamente acerca de la validez de cualesquiera argumentaciones marcadas por la fascinación casi mágica por el arcano poder de los números. Los números sin pasión tienen el mismo valor que la pasión sin números.
Etiquetas:
Ciencia,
cultura,
evolución,
gestión,
industria cultural,
política cultural
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