lunes, 3 de agosto de 2009

Nostalgia del papel?

En un artículo de fondo publicado hoy en el Pais bajo el título de Nostalgia del papel, Bernar Freiría, tras unas cuantas consideraciones de bastante sentido común pero nada novedosas, termina escribiendo algo así como que la red es mucho más fría y aséptica que lo que necesitaría la correspondencia recogida en 84, Charing Cross Road.

Venimos a experimentar ese mismo sentimiento cuando vemos nuevos barrios despoblados tras la ejecución de algún plan de urbanismo. Luego, con el tiempo, los espacios inhabitados se pueblan y la vida los llena. Al cabo de algunos años, el bullicio del uso humano nos borra la imagen fría y aséptica que en otro tiempo nos inquietó. Comprendo el sentimiento de nostalgia del señor Freiría que, contra el espíritu general del artículo, le lleva a esa afirmación. Pero no estoy de acuerdo con ella. Muy posiblemente nunca publicaré la correspondencia sentimental que he mantenido en la red. Puede que tampoco, la que me vi obligado a sufrir por SMS durante mi última ruptura. Téngase por seguro que la pasión de amor -y la del odio, que viene a ser lo mismo- se transmite y se almacena en la red con toda la fidelidad. Que la red sea aséptica o no depende de lo poblada que esté. Los propios nostálgicos la poblarán un día y dejarán de sentirla desangelada. Para entonces, sin embargo, ya habrá aparecido algún sambenito a quién colgar la causa de nuestro propio vacío.

sábado, 1 de agosto de 2009

El sonido de Movistar

Tremendo. Como ayer deje de poder navegar con el iPhone dichoso éste, esta mañana me he decidido a llamar al 609. A saber dónde estaba el hombre de acento sureño que me atendía. Quizá en algún lugar de Latinoamérica. Tanto da. Lo que me produce perplejidad es el fondo o interferencia, a saber, que me impedía escucharle convenientemente. La voz del hombre se mezclaba a partes iguales con una música que bien pudiera estar siendo producida en el espacio desde el que se me atendía. Como el señor en cuestión no tenía ni idea de cómo ayudarme, ha tratado de ponerme en conexión con el servicio técnico. Lo ha hecho después de soltarme un rollo publicitario de un minuto que me he negado a escuchar, tanto por el hecho de la propaganda, como por la música-interferencia de fondo. Mas perplejidad aún : la música de espera está saturada. Suena de mal como pocas veces he podido escuchar. Un desastre. Cada minuto, la musiquita, pop rock del más infecto, se paraba y amanecía el hombre, con su otra musiquita de fondo, que me pedía mantenerme a la espera. Tras seis intentos, amanece una voz de acento centro peninsular, medio chava, sin musiquilla de fondo, pero filtrada a lo teléfono viejo, me suelta otra vez que me pone con el servicio técnico. La misma musiquita rock pop de medio pelo y saturada como un demonio media entre esta voz ya de una mujer joven, también centro peninsular, pero de mayor nivel cultural. Habla con el labio pegado al micrófono y, claro, la saturación me impide comprender sus mensajes. Le explico que se le escucha como si hablara con el culo, probablemente porque debería usar el micrófono de otra manera. Caso omiso. A la misma distancia del micro ahora habla igual de fuerte y saturado, pero más despacio, como si yo fuera sordo. Tiene gracia, porque la sorda parece más bien ella. Por la separación de las palabras, puedo imaginarme lo que me cuenta, a pesar de estar terriblemente deformado. Pongo en práctica las dos estrategias que me recomienda y con la segunda obtengo el resultado esperado. Han pasado 25 minutos durante los cuales he llegado a la conclusión de que Movistar no debe ser una empresa audiovisual. Quizá sea un parque de atracciones y sus empleados, los presentadores de tómbola ésos que se hacen amplificar su voz con esos equipos de sonido con los que parece que sean robots de hojalata. No pasa nada : escucho al Cigala ese en la tele, en un reportaje de su actuación en Peralada, y también suena a pote. Qué más da! A quién le importa si para nadie el arte está en el sonido?

jueves, 18 de junio de 2009

Estan sordos estos romanos!

Estan sordos estos romanos! O quizá tendrá en ellos el dolor de oído alguna función estética?

Es cuestión económica, desde luego, pero si los interesados no hacemos nada por que alquilen mejores equipos en las salas dpnde vamos a tocar, continuaremos contribuyendo en la diseminación de la sordera.

viernes, 12 de junio de 2009

De lo que debería ser ya asumido por todo el mundo

Descorazonador es que a estas alturas nos veamos obligados a andar explicando ciertas cosas que hace décadas deberian haber quedado definitivamente claras para todo el mundo. Por ejemplo, da calor ya estar aún gastando saliva (y tinta, y arboles!) en distinguir la recuperación de la memoria historica y el derecho de reparación del a estas alturas tan fantasmagórico como inexistente deseo de revancha de los descendientes de las víctimas. La verdad no se absorbe ni se diluye. Para los humanos es una especie de película que cubre todas las realidades. Inútil es tratar de enquistarla y su aflorar, doloroso.

El mundo a través de los medios de comunicación

Parecería que el mundo en que vivimos es plural y que una cantidad ingente de eventos de interés general habría de ser generada en su seno. Es curioso que la coincidencia en los contenidos de los medios de comunicacion no de cuenta de esa supuesta diversidad. Si el conjunto de los acontecimientos relevantes del mundo fuera tan restringido, sería mucho más fácil de simular computacionalmente de lo que a casi todo el mundo nos parece.

Serán verdaeramente tan ingenuos?

Y no se les ocurre a los del PSOE que los del PP podrían terminar ilegalizandolos a ellos también? Al PNV ya le acontenció hace unos años que sus quasicoreligionarios derechistas lo expulsaron de la hermandad de la democracia cristiana europea.

domingo, 3 de mayo de 2009

Perplejidad y contenidos en los medios de comunicación

Los artículos de los periódicos me ponen medio perplejo. Hoy había uno en el País de un señor, Agustín Fernández Mallo, que, en pleno debate sobre la reducción de la publicidad en televisión, defendía la clásica argumentación de que la publicidad es fantástica, que recoge lo mejor de la creación contemporánea. Daba cantidad de referencias para justificarse. Pero el problema no está en lo buena o lo mala que sea formalmente la publicidad. La cuestión está en que por muy buena que sea, te la hacen tragar a mitad de un programa que alguien corta sin mirar dónde y en que, quizá peor, te la repiten hasta la saciedad. Una cosa buena repetida varias veces deja de ser buena porque harta. Lo grave de la publicidad es que es un hartazgo. Lo peor, que supone un ataque a la libertad. Más allá de la excelencia del arte de expresar una idea en 20 segundos, conviene poner de manifiesto el hecho de que la probabilidad de que abras la tele y te encuentres un anuncio raya en lo vergonzoso. Si tan buena es, que la incluyan en la programación, sin cortar programas y que se haga público cuándo vaya a salir. A ver a qué niveles llega la audiencia en esos espacios de programación. Y al hilo de la argumentación de las consideraciones acerca de los mejores cocineros del mundo, ¿cómo no va a estar lo mejorcito de la creación en la publicidad si es un terreno donde se invierte lo que se invierte? Si se invirtiera más en otros productos menos interesados, quizá también fueran mejores, ¿no? El problema general no es la calidad de los productos sino qué productos son los que merecen inversión de energía y cuáles no.